- La organización ecologista insta al ministerio a liderar la protección de la infancia y la adolescencia en este ámbito, desterrando el mito inconsistente de la necesidad de aprender a través de pantallas, promovido por la industria tecnológica y los intereses corporativos asociados.
- Consideran que las medidas, calificadas por el Secretario de Estado como “extremas”, son un paso tímido pero necesario para cumplir las recomendaciones de paneles de personas expertas, autoridades educativas internacionales e instituciones sanitarias, como las de la Asociación Española de Pediatría.
- Subrayan que la alfabetización digital en las aulas no implica la obligatoriedad de exposición a pantallas para desarrollar un aprendizaje integral, menos cuando ello colisiona con una adecuada protección del derecho a la salud, al pleno desarrollo cognitivo y a la privacidad, y representa un impacto ambiental inasumible.
- Señalan que la hiperdigitalización de la educación contraviene el derecho de las familias a tutelar la protección de la salud de sus hijos e hijas y a que su educación no dependa del uso de dispositivos digitales, toda vez que la competencia digital no precisa de la exposición a pantallas (como señala el informe del Comité de personas expertas del propio Ministerio de Juventud e Infancia).
Ecologistas en Acción muestra su preocupación por las declaraciones en prensa del Secretario de Estado del Ministerio de Juventud e Infancia, Rubén Pérez, en las que cuestiona iniciativas de desescalada digital en las aulas anunciadas en comunidades como Madrid y Murcia o en debate en el caso de Catalunya.
La competencia digital no requiere de la exposición a pantallas, tal y como refiere el director de Educación y Competencias de la OCDE, Andreas Schleicher, y el informe del comité de personas expertas del propio Ministerio de Juventud e Infancia. Actualmente defienden este enfoque organizaciones sociales como Ecologistas en Acción, Por una escuela OFF, Adolescencia Libre de Móviles o Desempantallados, entre otras, y está respaldado por otros paneles de expertos para sus gobiernos respectivos, como los de Suecia y Francia. Según destaca Schleicher, las pantallas no son necesarias para enseñar competencias digitales: “Las competencias digitales tienen muy poco que ver con las pantallas. Se basan en la comprensión de cómo funciona un algoritmo, así como en la comprensión de cómo protegerse a uno mismo”.
En palabras de Javier Zarzuela, coordinador de la campaña Escuela Saludable de Ecologistas en Acción y miembro del comité de personas expertas del Ministerio de Juventud e Infancia: “La consecución de las capacidades cognitivas no depende, en ningún caso, del uso de dispositivos digitales. Muy al contrario, las pantallas interfieren o retrasan su desarrollo, como señalan las referencias de estudios, investigaciones y metaanálisis incluidas en el citado informe del comité español de personas expertas”.
Tal y como resalta el informe de dicho comité, apoyándose en los datos de los informes PISA de 2015, 2018 y 2022, el uso de medios digitales en los centros incide negativamente en el aprendizaje.
Asimismo, la medida nº 11 del informe reconoce, de forma implícita, la superioridad educativa de la actividad vivencial frente al uso de pantallas, al recomendar la priorización de las actividades escolares que no requieran de dispositivos digitales.
La educación sobre lo digital (usos y riesgos) es necesaria
En las escuelas primarias y secundarias se debe mostrar el papel que representan las herramientas digitales en la actualidad y cómo funcionan, y que el alumnado experimente, en función de su edad e interés. Todo ello en momentos puntuales del curso o en el marco de la asignatura de Tecnología, en Educación Secundaria, a través de los propios medios de uso colectivo del centro (desestimando las pantallas individuales) y primando la conexión por cable junto a la desconexión de fuentes de emisión inalámbrica.
De igual modo, el alumnado debe ser alertado de los riesgos del uso de dispositivos y redes digitales en la salud mental (conductas adictivas, depresión y ansiedad, pensamientos y prácticas suicidas, problemas de concentración, baja autoestima, trastornos alimentarios o alteraciones del sueño) y física (salud visual y postural, exposición a radiofrecuencias, sedentarismo, obesidad y problemas cardiovasculares y endocrinos, peores habilidades motoras), en el desarrollo cognitivo y el aprendizaje, en la privacidad y relaciones sociales, así como del gran impacto ambiental que supone la fabricación, uso y desecho de los dispositivos, y la enorme huella ecológica del procesado y el tráfico de datos.
Educación digital no es igual a educación a través de pantallas
Para implementar la educación digital no es preciso que el alumnado use pantallas individuales con las que alcanzar los objetivos básicos del aprendizaje. En opinión de Javier Zarzuela: “Basta un uso intencional, puntual, sobrio y dirigido, con los medios que ya poseen los centros, y respetando las características psicoevolutivas de cada edad y los tiempos que marcan las recomendaciones de la Asociación Española de Pediatría: 0 pantallas hasta los 6 años, menos de 1 hora al día entre 7 y 12 años, y menos de 2 horas al día entre 13 y 16 años, incluyendo en ambos casos el tiempo escolar y de deberes”.
El uso de pantallas individuales en menores de edad para leer, hacer ejercicios, visualizar vídeos, enviar mensajes o guardar información no garantiza su competencia digital en el futuro laboral o social, como recalcan los dictámenes de expertos sueco y francés, ya que la tecnología evoluciona vertiginosamente y se torna cada vez más intuitiva y accesible para tareas de alta complejidad.
El Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas ha abordado los retos de la alfabetización digital reclamando a los Estados firmantes del convenio de Naciones Unidas que se cercioren de que el conjunto del proceso atienda al interés superior de todos los niños como consideración primordial. Ecologistas en Acción subraya que el derecho a la alfabetización digital no es equiparable ni obliga a la digitalización de la educación. Asimismo, reivindica el derecho que las familias tienen de exigir a los centros y a la administración que sus hijos reciban educación digital sin necesidad de utilizar dispositivos digitales como un imperativo y a que la escuela no se convierta en un entorno inalámbrico.
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